18 de abril de 2011

Nuestra debilidad es también nuestra fuerza.


Desde el principio de los tiempos el ser humano ha luchado por crearse un destino. Apenas sí somos una mota del polvo cósmico, un minúsculo accidente dentro del Caos universal, y, pese a ello, hemos entablado un combate a muerte entre nuestra voluntad y el azar.¡IMAGÍNATE LA ENORMIDAD DE NUESTRO ATREVIMIENTO! Somos de una soberbia y una inocencia incalculables.
Ahí reside nuestra grandeza: aún conociendo nuestra insignificancia, aspiramos al máximo en una desfachatada ambición de ser felices, de controlar nuestras vidas y convertirnos en nuestros propios dioses.
Yo no sé si es que a mí también me engaña la inocente soberbia de la especie, pero me parece que, sumando nuestros sueños y nuestras voluntades microscópicas, a veces conseguimos influir en el devenir del Universo.
Esa es nuestra mayor proeza: encontrar la medida del desorden.
TEMBLOR. Rosa Montero

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